
IRÁN PROFUNDIZA EL APAGÓN INFORMATIVO PARA CONTENER PROTESTAS MASIVAS EN TEHERÁN
El régimen endureció el bloqueo de internet y el cierre de medios críticos en medio de una represión creciente frente a un estallido social iniciado a fines de diciembre.
La breve reaparición de mensajes críticos desde Irán, tras semanas de bloqueo casi total de internet, volvió a exponer la magnitud de la represión desplegada por el régimen frente a las protestas más graves de los últimos años. “Teherán huele a muerte”, escribió en la red social X la periodista Elaheh Mohammadi, en uno de los pocos mensajes que lograron salir del país pese a las severas restricciones impuestas por las autoridades.
Mohammadi, reportera del diario Ham-Mihan, relató que durante dos días fue posible acceder de manera intermitente a internet mediante el uso de redes privadas virtuales, una práctica habitual entre periodistas y activistas cuando el Estado interrumpe los servicios de comunicación. En sus publicaciones describió un clima de miedo y parálisis en la capital, marcado por la represión y la ausencia de vida cotidiana normal.
El acceso a internet permanece fuertemente restringido desde el 8 de enero, cuando el régimen decidió endurecer el control digital para frenar la expansión de las manifestaciones. Según organizaciones de derechos humanos y agencias internacionales, el apagón busca aislar a la población, impedir la coordinación de las protestas y limitar la difusión de imágenes y testimonios sobre la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre en Teherán, inicialmente impulsadas por comerciantes y sectores urbanos afectados por el derrumbe del rial, la inflación persistente y el deterioro de las condiciones de vida. En pocas horas, los reclamos económicos derivaron en un cuestionamiento directo al sistema político de la República Islámica, con manifestaciones que se extendieron a decenas de ciudades y provincias.
La respuesta estatal incluyó el uso de munición real, detenciones masivas y despliegues militares en zonas urbanas. La organización Human Rights Activists News Agency informó haber verificado cerca de 4.000 muertes vinculadas a la represión, mientras que otros miles de fallecimientos permanecen bajo investigación. Un funcionario iraní confirmó a Reuters que las víctimas fatales superan las 5.000 personas.
En paralelo, la situación de la prensa independiente se deterioró aún más. Esta semana se informó que el diario Ham-Mihan se vio forzado a suspender sus operaciones debido a su cobertura de los hechos. El cierre de medios críticos y el bloqueo informativo refuerzan la estrategia oficial de control, en un contexto de creciente aislamiento internacional y persistente malestar social que el régimen intenta contener mediante la fuerza y la censura.