
EL CASO JOEL RIFKIN: CUATRO AÑOS DE CRÍMENES SERIALIZADOS Y UN ARRESTO FORTUITO EN NUEVA YORK
Entre 1989 y 1993, 17 mujeres fueron asesinadas sin que las investigaciones lograran detectarlo. La detención se produjo durante un control vial casual.
Durante cuatro años, Nueva York fue escenario de una serie de asesinatos que permanecieron ocultos para las autoridades. El responsable fue Joel Rifkin, quien asesinó a 17 mujeres en situación de vulnerabilidad entre 1989 y 1993. Las víctimas, mayormente marginadas y con escasa visibilidad social, desaparecieron sin que los casos despertaran una respuesta institucional sostenida.
Rifkin había nacido en 1959 y fue adoptado por una familia de East Meadow, en Long Island. Su infancia estuvo atravesada por el aislamiento social, el acoso escolar y dificultades de aprendizaje vinculadas a una dislexia que nunca fue diagnosticada. Durante la adolescencia profundizó su retraimiento y comenzó a vincularse con mujeres en prostitución, mientras alternaba empleos temporales con un desempeño laboral inestable.
Un punto de quiebre se produjo en 1987, con el suicidio de su padre tras una larga enfermedad. Ese mismo año fue arrestado por intentar contratar a una agente encubierta, aunque el episodio no derivó en una intervención que frenara su escalada posterior. En 1989 cometió su primer asesinato en Manhattan, tras contactar a una mujer identificada como Heidi Balch, conocida como “Susie”, a quien llevó a su domicilio en Long Island.
El método se repitió en los crímenes posteriores: estrangulamiento y desmembramiento de los cuerpos para dificultar su identificación. Los restos eran descartados en ríos, canales o espacios abiertos del estado de Nueva York. Durante años, las investigaciones no lograron vincular los hallazgos entre sí ni identificar a un responsable, en un contexto marcado por la baja prioridad asignada a las desapariciones de mujeres en situación de marginalidad.
La secuencia se interrumpió el 28 de junio de 1993, cuando Rifkin fue detenido en un control vial por circular sin matrícula visible. El olor proveniente de su camioneta llevó a los agentes a descubrir el cuerpo de su última víctima envuelto en una lona. Tras su arresto, confesó 17 asesinatos y brindó detalles sobre cada uno de ellos.
En 1994, la Justicia lo declaró culpable de nueve homicidios y lo condenó a 203 años de prisión sin posibilidad de libertad condicional. Desde entonces, permanece detenido en una cárcel del estado de Nueva York.