
INVESTIGAN UNA SUBCULTURA DIGITAL TRAS EL ATAQUE EN UNA ESCUELA DE SANTA FE
Autoridades vincularon el crimen ocurrido en San Cristóbal con la llamada “True Crime Community”, una red global centrada en la fascinación por asesinatos reales.
El ataque protagonizado por un alumno que mató a un compañero en una escuela de San Cristóbal, Santa Fe, derivó en una investigación que apunta a una subcultura digital conocida como “True Crime Community” (TCC). El hecho ocurrió el 8 de abril y motivó una conferencia de prensa encabezada por el gobernador Maximiliano Pullaro, la ministra de Seguridad Nacional Alejandra Monteoliva y autoridades de la Policía Federal.
Durante la exposición, Monteoliva afirmó que el episodio “no es un caso aislado” y descartó que pueda explicarse únicamente como un caso de bullying. En ese marco, sostuvo que existen comunidades virtuales centradas en el análisis y la fascinación por crímenes reales y tiroteos masivos, donde el seguimiento de estos hechos puede derivar en conductas imitativas.
En la misma línea, Pullaro indicó que el joven involucrado participaba de una red internacional vinculada a esta subcultura digital. Según precisó la Policía Federal, la TCC reúne a personas que investigan delitos reales y desarrollan admiración por autores de asesinatos y masacres, en un fenómeno que, de acuerdo con las autoridades, se remonta a la década del 90 con la masacre de Columbine.
Los investigadores describieron que esta comunidad funciona a través de distintas etapas. En una primera fase, se difunden y analizan crímenes en espacios públicos de internet, donde se comparten contenidos y se construye admiración por los perpetradores. Luego, los participantes migran a grupos cerrados en plataformas como Discord o Telegram, donde se profundiza el intercambio, se refuerzan conductas y se generan vínculos entre usuarios.
La etapa final, según advirtieron, es la de mayor gravedad, ya que algunos integrantes avanzan hacia la planificación de ataques con el objetivo de imitar hechos violentos previos. Este punto fue señalado como la principal preocupación por parte de las autoridades, al marcar el pasaje desde la observación hacia posibles acciones concretas.
En cuanto al perfil de los participantes, se indicó que no existe un patrón único, aunque se identificó una mayor exposición entre adolescentes de entre 13 y 19 años. Las autoridades remarcaron que el principal desafío es la detección temprana de estas conductas, ya que suelen desarrollarse en entornos digitales cerrados y de difícil monitoreo.