
LA PROTEÍNA GANA PROTAGONISMO DESPUÉS DE LOS 45 COMO CLAVE PARA CUIDAR LA SALUD Y LA MASA MUSCULAR
Especialistas advierten que una ingesta adecuada ayuda a preservar el músculo, mejorar la salud metabólica y prevenir enfermedades asociadas al envejecimiento.
La proteína cumple un papel central en el mantenimiento de la salud general, especialmente a partir de los 45 años, cuando el organismo comienza a responder con menor eficacia a pequeñas cantidades de este nutriente. Distintas investigaciones científicas señalan que una ingesta adecuada resulta fundamental para preservar la masa muscular, sostener la salud metabólica y prevenir enfermedades vinculadas al envejecimiento.
El médico y divulgador científico Carlos Jaramillo explicó que el músculo esquelético no solo interviene en la movilidad, sino que también actúa como un órgano endocrino con impacto sobre distintos procesos hormonales y metabólicos. Según indicó, más del 75% de la captación de glucosa mediada por la insulina ocurre en el tejido muscular, por lo que conservar una buena masa muscular ayuda a reducir el riesgo de resistencia a la insulina, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
El especialista advirtió además que la pérdida de masa muscular comienza de manera progresiva desde los 30 años, se acelera después de los 60 y puede derivar en sarcopenia, una condición asociada a la disminución de fuerza y funcionalidad. En ese contexto, sostuvo que después de los 45 años se produce una resistencia anabólica, por lo que se vuelve necesario aumentar la cantidad de proteína consumida en cada comida para estimular la síntesis muscular.
Según las recomendaciones difundidas por Jaramillo, los adultos deberían consumir entre 1,5 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día, distribuidos en dos o tres comidas principales. Para mayores de 45 años, cada ingesta debería aportar entre 30 y 60 gramos de proteína. Entre las principales fuentes se encuentran carnes, pollo, pescado, huevos, lácteos, legumbres y soja. Los especialistas coinciden en que, junto con la actividad física regular, una adecuada ingesta de proteínas constituye una de las estrategias más efectivas para favorecer un envejecimiento saludable.