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TALLERES PARA AGRESORES BUSCAN DESAPRENDER CONDUCTAS VIOLENTAS Y PREVENIR REINCIDENCIAS

La psicóloga Noelia Fuenzalida explicó cómo funcionan los espacios destinados a hombres con condenas condicionales por violencia de género. El objetivo es cuestionar patrones aprendidos y promover formas no violentas de resolver conflictos.

TALLERES PARA AGRESORES BUSCAN DESAPRENDER CONDUCTAS VIOLENTAS Y PREVENIR REINCIDENCIAS

La psicóloga Noelia Fuenzalida explicó cómo funcionan los espacios destinados a hombres con condenas condicionales por violencia de género. El objetivo es cuestionar patrones aprendidos y promover formas no violentas de resolver conflictos.

Los talleres de nuevas masculinidades que se desarrollan en el ámbito del Poder Judicial de Catamarca están dirigidos a hombres con condenas condicionales por delitos vinculados a la violencia de género. La iniciativa, enmarcada en la Ley Micaela, busca trabajar sobre conductas violentas, modelos culturales de masculinidad y herramientas para prevenir nuevas situaciones de agresión. La actividad está a cargo de la psicóloga Noelia Fuenzalida, integrante de la Oficina de Asistencia a la Víctima con sede en Valle Viejo.

Según explicó la profesional, los participantes llegan derivados por los Juzgados de Ejecución Penal como parte de las pautas de conducta impuestas por la Justicia. Los talleres se realizan en grupos reducidos y constan de tres encuentros de tres horas cada uno. Desde este año también se incorporó la modalidad virtual para facilitar la participación de personas residentes en el interior provincial.

Fuenzalida señaló que uno de los principales objetivos es que los asistentes comprendan que la violencia es una conducta aprendida y, por lo tanto, puede modificarse. En ese sentido, se trabaja sobre los modelos tradicionales de masculinidad asociados al control, la autosuficiencia, la restricción emocional y la resolución violenta de conflictos. “La conducta violenta es una conducta aprendida y, como tal, se puede desaprender”, sostuvo.

La especialista indicó además que muchas de estas prácticas tienen raíces culturales y suelen reproducirse en distintos ámbitos, no solo en las relaciones de pareja. También pueden manifestarse dentro del entorno familiar, involucrando vínculos entre hijos, hermanos, tíos, sobrinos o nietos. Por ello, el espacio promueve la identificación de emociones, la empatía, la comunicación asertiva y otras herramientas que permitan gestionar conflictos sin recurrir a la violencia.

Si bien reconoció que algunos participantes mantienen una postura de resistencia al cambio, otros logran revisar sus conductas y asumir responsabilidades. Para Fuenzalida, el trabajo con quienes ejercen violencia constituye una herramienta necesaria para prevenir reincidencias. En ese marco, valoró la incorporación de estas instancias dentro del sistema judicial y consideró fundamental abordar la problemática desde una perspectiva integral que incluya tanto a las víctimas como a quienes ejercen violencia.

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