
HASTA LOS NEGOCIOS VINCULADOS AL OFICIALISMO SIENTEN EL IMPACTO DE LA RECESIÓN
El cierre de una sucursal de Tostado frente al Obelisco reavivó el debate sobre la caída del consumo. El caso involucra a la cadena cuyo sistema de franquicias está a cargo del hijo de Patricia Bullrich.
La cadena de cafeterías Tostado cerró su local ubicado sobre Corrientes 999, frente al Obelisco, en la Ciudad de Buenos Aires. La sucursal ya fue desmantelada y su clausura volvió a poner en el centro de la escena el impacto que la caída del consumo tiene sobre el sector gastronómico.
El sistema de franquicias de la empresa está a cargo de Francisco Langieri Bullrich, hijo de la ministra Patricia Bullrich. El cierre se produce en un contexto en el que el Gobierno sostiene que la economía atraviesa una etapa de recuperación, mientras distintos comercios continúan reduciendo su actividad.
El panorama también alcanza a otras cadenas del rubro. Le Blé redujo su red de 39 a 25 locales y, según datos publicados por iProfesional, acumula 175 cheques rechazados por más de 205 millones de pesos y una deuda financiera superior a los 500 millones, mientras crecen las versiones sobre un posible cierre definitivo.
A esa situación se suma el cierre de Los Laureles de Barracas, restaurante fundado en 1893 que dejó de funcionar en medio de la contracción del consumo. El establecimiento había logrado mantenerse activo durante décadas, atravesando diferentes crisis económicas y sanitarias.
El caso de Tostado adquirió además una fuerte repercusión política por su vínculo con el entorno familiar de una de las principales funcionarias del Gobierno. En ese contexto, el cierre de la sucursal volvió a instalar el debate sobre el alcance de la recesión y sus efectos sobre la actividad comercial.