A los 105 años, una mujer mantiene su rutina activa y atribuye su longevidad al amor y la buena comida
Anna Decanini celebró sus 105 años en Connecticut y sorprendió al realizar tres sentadillas sin ayuda. Su historia combina actividad física, vínculos familiares, alimentación y una particular filosofía de vida.
Anna Decanini cumplió 105 años el 26 de junio de 2026 y continúa sorprendiendo por su vitalidad. Durante la celebración en la residencia Brightview de New Canaan, Connecticut, la mujer se levantó de una silla y realizó tres sentadillas consecutivas sin ningún tipo de asistencia.
Para Decanini, no existe una única explicación para haber llegado a esa edad. Su manera de entender la vida incluye el amor por la familia, el perdón, la buena comida, el vino y una actitud orientada a dejar atrás las situaciones negativas.
Una infancia marcada por Lucca y la guerra
Decanini nació en Nueva York en 1921, pero cuando tenía 11 años regresó junto a su familia a Lucca, en la región italiana de Toscana. Allí transcurrieron buena parte de su adolescencia y juventud, vinculadas al restaurante de cocina toscana que administraba su padre.
La Segunda Guerra Mundial alteró la vida cotidiana de la familia. Después de la ruptura de la alianza entre Italia y Alemania en 1943, las tropas alemanas confiscaron el restaurante.
Según relató su nieta Michelle Riley, el padre, el hermano menor y el prometido de Decanini escondían a jóvenes italianos en distintos lugares del establecimiento para evitar que fueran reclutados por las fuerzas alemanas.
A pesar de aquella experiencia, Decanini asegura que no conserva una mirada amarga sobre ese período. Además, el inglés que había aprendido durante su infancia en Nueva York le permitió comunicarse con las tropas estadounidenses que llegaron posteriormente a la región.
Caminatas, baile y lectura
La actividad física estuvo presente durante toda su vida, aunque nunca estuvo relacionada con gimnasios ni entrenamientos organizados. Decanini disfrutaba de montar a caballo, caminar por las tardes y bailar.
También mantuvo durante años el hábito de leer una o dos novelas por semana y resolver crucigramas en italiano.
En la actualidad, en la residencia Brightview, continúa tejiendo, mirando televisión y cuidando su apariencia. Durante su cumpleaños, además de realizar las tres sentadillas frente a familiares y empleados, mantuvo el buen humor ante la sorpresa de quienes presenciaron la escena.
La mujer también sostiene una particular manera de afrontar las dificultades. Prefiere no quedarse atrapada en los momentos dolorosos y considera importante continuar con la vida sin acumular resentimientos.
Una alimentación ligada a sus raíces italianas
La comida ocupa otro lugar central en su rutina. Decanini prefiere platos preparados con ingredientes naturales, frescos y enteros, y evita la comida chatarra y los alimentos entre las comidas principales.
Durante su juventud fumó, aunque dejó el cigarrillo antes de llegar a la vejez.
Cada noche mantiene un ritual particular: toma un café espresso con cinco cucharadas de azúcar y una porción de pastel. Durante las comidas también bebe vino servido desde una jarra tradicional.
Una vida dedicada a la familia
En la década de 1950, Decanini regresó definitivamente a Estados Unidos junto a su esposo, Raffaello, quien era ingeniero y fue convocado para participar en la construcción del puente Verrazzano-Narrows de Nueva York.
La pareja permaneció unida hasta 2012, cuando él murió a los 96 años.
En 2019, cuando tenía 99 años, Decanini se instaló en la residencia Brightview para estar más cerca de sus hijos y nietos. Con el paso del tiempo se convirtió en una de las personas más reconocidas del lugar.
A los 105 años, continúa describiendo su vejez como una etapa positiva. Para ella, mantenerse activa, disfrutar de su familia y afrontar las dificultades día a día forman parte de una filosofía que resume con una idea sencilla: si pudiera volver a vivir su vida, la elegiría nuevamente de la misma manera.