
Alimentación infantil: un estudio en Argentina detectó excesos de proteínas y carencias nutricionales
Una investigación de la Universidad ISALUD, realizada con 496 niños de hasta tres años, identificó consumos elevados de calorías, poca diversidad alimentaria y déficits de vitamina D, hierro y calcio.
Un estudio sobre la alimentación durante la primera infancia encendió una señal de alerta por los desequilibrios nutricionales detectados en niños de hasta 36 meses. La investigación encontró que más de la mitad de los participantes consumía proteínas por encima de las recomendaciones, mientras que una parte no alcanzaba los niveles aconsejados de nutrientes esenciales para el crecimiento.
El relevamiento fue realizado por la Universidad ISALUD e incluyó a 496 niñas y niños del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Córdoba, Mendoza y Rosario. Durante cuatro días, los investigadores registraron los alimentos y bebidas consumidos para evaluar el aporte de energía, proteínas, hierro, calcio, vitamina D, ácido fólico, vitaminas A y C y zinc.
Los resultados mostraron que una alimentación con suficientes calorías no garantiza, por sí sola, el aporte adecuado de todos los nutrientes necesarios para el desarrollo infantil.
Exceso de proteínas y consumo elevado de calorías
Entre los niños de 13 a 36 meses se registraron los mayores excesos de proteínas, con ingestas que llegaron a triplicar y quintuplicar las cantidades recomendadas según el peso corporal. Más del 50% superó los niveles aconsejados, mientras que entre el 26% y el 35% obtuvo más del 15% de su energía diaria de este nutriente.
Esta situación se presentó con mayor frecuencia entre quienes consumían leche de vaca. Además, el promedio de calorías ingeridas superó las recomendaciones tanto en los niños que tomaban fórmulas infantiles como en aquellos que incorporaban leche de vaca, aunque el desvío fue más pronunciado en este último grupo.
Vanesa Rodríguez García, licenciada en Nutrición e investigadora principal del trabajo, explicó que los resultados muestran la importancia de evaluar no solo la cantidad de alimentos que consumen los chicos, sino también su calidad nutricional y el equilibrio entre los distintos componentes de la dieta.
La especialista aclaró que las proteínas siguen siendo necesarias para el desarrollo, pero remarcó que su consumo debe analizarse dentro de una alimentación que cubra los diferentes requerimientos nutricionales.
Vitamina D, hierro y calcio, entre los nutrientes más deficitarios
El estudio identificó a la vitamina D como el nutriente con mayor proporción de ingestas inadecuadas. Le siguieron el hierro y el calcio. Según el componente analizado, entre el 10% y el 35% de los niños no alcanzó las cantidades recomendadas, una situación que se observó con mayor frecuencia entre quienes consumían leche de vaca.
Irina Kovalskys, médica pediatra especializada en Nutrición e investigadora senior del proyecto, señaló que el consumo suficiente de calorías y un crecimiento adecuado no permiten determinar, por sí solos, si la alimentación cubre todas las necesidades nutricionales.
La investigación también encontró diferencias relacionadas con las condiciones socioeconómicas. Los niños de los sectores de menores ingresos presentaron una ingesta promedio inferior de micronutrientes y una mayor proporción de consumos por debajo de los niveles recomendados. Las diferencias fueron significativas en hierro y vitamina D.
Asimismo, se registraron promedios más bajos de micronutrientes en Rosario y el AMBA en comparación con Córdoba y Mendoza.
Poca variedad de alimentos durante el primer año
Otro de los aspectos analizados fue la diversidad de la dieta. Para evaluarla, los investigadores consideraron que una alimentación diversa debía incluir al menos cinco de ocho grupos de alimentos.
Con ese criterio, menos de la mitad de los bebés de entre 7 y 12 meses alcanzó una dieta variada. Después del primer año, la proporción mejoró, aunque se mantuvo entre el 51% y el 58%.
Los lácteos fueron los alimentos más consumidos, seguidos por los cereales y las carnes. En cambio, las frutas, los vegetales y los huevos tuvieron una presencia menor, mientras que las legumbres y los frutos secos aparecieron de manera mínima o casi nula en los registros.
Alberto Cormillot, investigador senior y director de la Licenciatura en Nutrición de la Universidad ISALUD, destacó que la alimentación saludable debe evaluarse de manera integral, teniendo en cuenta la variedad, la calidad y el equilibrio de los alimentos.
La investigación también observó que la diversidad alimentaria fue mayor entre los niños que continuaban con lactancia materna. En segundo lugar se ubicaron quienes recibían fórmulas infantiles, mientras que los menores que consumían leche de vaca presentaron los niveles más bajos de variedad.
Las diferencias entre las fórmulas infantiles y la leche de vaca
Al comparar el aporte nutricional de las distintas fuentes de leche, los investigadores encontraron que los niños que recibían fórmulas infantiles tenían ingestas promedio superiores de hierro, vitamina D y zinc respecto de quienes consumían leche de vaca.
Sin embargo, la vitamina D permaneció por debajo de las recomendaciones en ambos grupos.
En el caso del hierro, los niños que tomaban fórmulas fortificadas mostraron una mayor proporción de ingestas adecuadas. Entre quienes consumían leche de vaca, el aporte de este mineral dependía en mayor medida de los demás alimentos incorporados a la dieta, especialmente las carnes.
Matías De Nicola, director institucional del proyecto, señaló que la investigación busca transformar los datos sobre alimentación infantil en herramientas que permitan orientar las decisiones nutricionales de acuerdo con las necesidades de cada etapa del crecimiento.
La lactancia materna disminuye con la edad
El relevamiento también examinó la evolución de la lactancia materna durante los primeros años de vida. Según los datos obtenidos, el 72% de los bebés de entre 0 y 6 meses recibía leche materna, mientras que la proporción descendía al 18% entre los niños de 25 a 36 meses.
La edad promedio de abandono de la lactancia fue de siete meses.
Entre los motivos mencionados para combinar la leche materna con fórmulas infantiles o reemplazarla se encontraron el regreso de las madres al trabajo o a sus actividades académicas y la percepción de que la producción de leche era insuficiente.
Ante estos resultados, los investigadores destacaron la importancia de generar condiciones que permitan sostener la lactancia materna cuando las familias así lo desean.
La importancia de los primeros años de vida
Los primeros 1.000 días de vida representan una etapa relevante para el crecimiento y el desarrollo. En ese período, los especialistas señalan la importancia de controlar la alimentación durante las consultas pediátricas y recurrir, cuando sea necesario, a profesionales especializados en nutrición infantil.
El objetivo es acompañar la incorporación de alimentos a partir de los seis meses y favorecer una dieta equilibrada que incluya diferentes grupos alimentarios.
Los resultados del estudio ponen de relieve que la alimentación infantil requiere una evaluación integral: además de la cantidad de calorías y proteínas, es necesario considerar la variedad de alimentos y el aporte de vitaminas y minerales esenciales.