
MARIAN ROJAS ESTAPÉ IDENTIFICÓ HÁBITOS DE LAS PERSONAS MAYORES QUE PUEDEN GENERAR TENSIÓN EN SU ENTORNO
La psiquiatra española enumeró conductas frecuentes en la vejez que suelen incomodar en el ámbito familiar y social, y propuso claves para abordarlas sin confrontación.
La psiquiatra española Marian Rojas Estapé abordó en una de sus charlas recientes una serie de comportamientos habituales en personas mayores que pueden provocar malestar, distancia e incluso conflictos con su entorno familiar y social. Según explicó, el envejecimiento implica cambios profundos en el cuerpo, el cerebro y las emociones, y algunos de esos procesos se manifiestan en actitudes que resultan difíciles de gestionar para quienes acompañan esa etapa de la vida.
Entre los hábitos señalados, mencionó la repetición constante de historias, vinculada a cambios en la memoria y en la capacidad de registrar el paso del tiempo; la rigidez del pensamiento, asociada a una disminución de la neuroplasticidad y al temor frente a un mundo que cambia con rapidez; y la queja permanente, que muchas veces funciona como una forma de expresar soledad, dolor emocional o necesidad de ser visto.
Rojas Estapé también se refirió a la invasión de límites personales, los comentarios inapropiados, el manejo conflictivo del dinero y la manipulación emocional, conductas que, según explicó, suelen estar relacionadas con la pérdida de control, el miedo a depender de otros o la dificultad para expresar afecto de manera directa. A estas se suman la comparación constante con otras familias, la resistencia a adaptarse a los tiempos modernos y la necesidad de atención permanente.
Otros hábitos mencionados incluyen el descuido del aspecto personal, que puede estar vinculado a cuadros de depresión silenciosa; el consumo excesivo de alcohol o medicamentos como forma de alivio rápido frente al sufrimiento; el aislamiento voluntario acompañado de quejas por soledad; y la falta de gratitud o el menosprecio hacia los esfuerzos de quienes acompañan y cuidan.
La especialista subrayó que muchas de estas conductas no responden a mala intención, sino a procesos emocionales y neurológicos propios de la vejez. En ese sentido, recomendó no tomarlas como algo personal, establecer límites claros con respeto, validar las emociones sin reforzar comportamientos dañinos y, cuando sea necesario, buscar acompañamiento profesional.
Finalmente, Rojas Estapé planteó que el foco no debe estar en intentar cambiar a la persona mayor, sino en modificar la manera en que el entorno se vincula con esas actitudes. Señaló que cuidar la propia salud emocional, poner límites y actuar desde los valores personales permite acompañar mejor sin caer en la frustración permanente.