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EL COLAPSO ENERGÉTICO EXPONE LAS DEBILIDADES ESTRUCTURALES DE LA ECONOMÍA CUBANA

La interrupción total de las importaciones de petróleo y el endurecimiento de las sanciones externas colocan a la isla en una coyuntura crítica, con apagones prolongados, recortes generalizados y un fuerte impacto social y productivo.

EL COLAPSO ENERGÉTICO EXPONE LAS DEBILIDADES ESTRUCTURALES DE LA ECONOMÍA CUBANA

La interrupción total de las importaciones de petróleo y el endurecimiento de las sanciones externas colocan a la isla en una coyuntura crítica, con apagones prolongados, recortes generalizados y un fuerte impacto social y productivo.

Cuba atraviesa una crisis energética sin precedentes tras la interrupción total de las importaciones de petróleo y el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos, un escenario que ha acelerado el deterioro de su economía y profundizado las dificultades cotidianas de la población. Según datos de la consultora Kpler, enero marcó el primer mes sin llegada de crudo extranjero desde 2015, en un contexto de recortes generalizados, apagones prolongados y restricciones severas en el acceso a combustibles.

El impacto económico se refleja en una contracción estimada del producto interno bruto del 5% durante 2025 y una caída acumulada superior al 15% desde 2020, de acuerdo con el Centro de Estudios de la Economía Cubana. La escasez de combustible ha derivado en largas filas en estaciones de servicio, restricciones en la venta de gasolina —limitada a operaciones en dólares y con un tope de veinte litros por persona— y un agravamiento de la falta de bienes esenciales como alimentos, agua, medicamentos y gas para cocinar. La inflación, ya elevada, se intensifica en un escenario de dolarización parcial y caída de la producción interna.

El colapso del suministro energético también afectó de manera directa al transporte y a la movilidad. En La Habana, la reducción del transporte público y de las frecuencias ferroviarias y de autobuses provocó un aumento abrupto de las tarifas de taxis privados y obligó a muchos ciudadanos a desplazarse a pie. A nivel nacional, se aplicaron recortes al transporte interprovincial y cierres temporales de empresas estatales, con efectos sobre el acceso a bienes y servicios.

La crisis se extendió al sector turístico tras la notificación de la aviación civil cubana a las aerolíneas internacionales sobre la imposibilidad de reabastecer combustible en los principales aeropuertos del país entre el 10 de febrero y el 11 de marzo. La medida derivó en cancelaciones de vuelos, escalas técnicas en países vecinos y la suspensión temporal de operaciones por parte de compañías como Air Canada. En paralelo, el Gobierno dispuso el cierre temporal de hoteles con baja ocupación y la reubicación de huéspedes, en un contexto de caída sostenida del turismo y menor ingreso de divisas.

Ante el agravamiento del escenario, las autoridades implementaron medidas de emergencia para reducir el consumo energético, como el teletrabajo en el sector público, la reducción de la semana laboral a cuatro días y el cierre de empresas estatales no esenciales. El origen de la crisis se vincula a la interrupción de los envíos petroleros desde Venezuela, la presión estadounidense sobre proveedores externos y la suspensión de exportaciones desde México, lo que dejó a la isla sin abastecimiento externo y en una situación de vulnerabilidad excepcional.

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