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SHEINBAUM RECHAZA LA PRESIÓN DE TRUMP Y EVITA UNA GUERRA ABIERTA CONTRA LOS CÁRTELES

La presidenta de México resiste el pedido de Estados Unidos para desplegar fuerzas militares extranjeras y prioriza una estrategia que preserve la estabilidad política y el equilibrio interno.

SHEINBAUM RECHAZA LA PRESIÓN DE TRUMP Y EVITA UNA GUERRA ABIERTA CONTRA LOS CÁRTELES

La presidenta de México resiste el pedido de Estados Unidos para desplegar fuerzas militares extranjeras y prioriza una estrategia que preserve la estabilidad política y el equilibrio interno.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se mantiene firme frente a la presión del presidente estadounidense Donald Trump, quien reclama una ofensiva directa contra los cárteles del narcotráfico, incluso con el eventual despliegue de tropas de Estados Unidos en territorio mexicano. La mandataria ha descartado esa posibilidad y opta por una estrategia que evita el enfrentamiento frontal y prioriza la estabilidad política del país.

Trump ha insistido públicamente en la necesidad de “eliminar a los cárteles” responsables del tráfico de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos. En declaraciones recientes, atribuyó la postura de Sheinbaum al temor frente a las organizaciones criminales y afirmó que los cárteles ejercen un control real sobre México. Sin embargo, el análisis del escenario interno revela un entramado más complejo, en el que el crimen organizado no solo se enfrenta al Estado, sino que en numerosos casos se entrelaza con estructuras políticas y de poder local.

El partido gobernante, Morena, al que pertenece Sheinbaum, cuenta con dirigentes que enfrentan acusaciones de vínculos con organizaciones criminales, una situación que no es exclusiva de esa fuerza, sino que atraviesa a distintos espacios políticos del país. Combatir de manera directa a los cárteles implicaría, en muchos casos, confrontar con redes de protección locales y con actores políticos que forman parte de la propia coalición oficialista.

A diferencia de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, fundador de Morena y figura central del partido, Sheinbaum no ejerce un control pleno sobre la fuerza gobernante, hoy dividida en facciones con lealtades personales diferenciadas. Un avance más agresivo contra funcionarios sospechados de corrupción podría profundizar esas tensiones internas y debilitar al oficialismo de cara a las próximas elecciones intermedias.

La relación entre el narcotráfico y el poder político en México tiene antecedentes históricos que se remontan a más de un siglo. Incluso tras la transición democrática del año 2000 y el inicio de la denominada guerra contra las drogas en 2006, los vínculos entre criminales y autoridades no desaparecieron. Con el paso del tiempo, los grandes cárteles se fragmentaron y dieron lugar a estructuras territoriales que combinan tráfico de drogas, extorsión, robo de recursos y control social, en ocasiones con la connivencia o la coacción sobre autoridades locales.

En este contexto, Sheinbaum ha mostrado señales de endurecimiento respecto de políticas anteriores, con el envío de tropas a la frontera, extradiciones y un incremento de arrestos. Sin embargo, evita poner el foco en las estructuras políticas que sostienen al crimen organizado. Esa cautela responde tanto a los riesgos de una escalada de violencia como al impacto político que tendría desmantelar redes de poder arraigadas.

Así, la presidenta mexicana enfrenta un delicado equilibrio: resistir las exigencias de una superpotencia que demanda una cruzada contra los cárteles, mientras gobierna un sistema político atravesado por tensiones internas y por una relación histórica entre crimen organizado y poder local que dificulta cualquier ruptura abrupta.

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