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IRÁN CONFIRMÓ LA MUERTE DEL JEFE NAVAL DE LA GUARDIA REVOLUCIONARIA TRAS UN ATAQUE ATRIBUIDO A ISRAEL

Teherán oficializó el fallecimiento de Alireza Tangsiri días después del anuncio israelí. Era una figura clave en la estrategia marítima iraní.

IRÁN CONFIRMÓ LA MUERTE DEL JEFE NAVAL DE LA GUARDIA REVOLUCIONARIA TRAS UN ATAQUE ATRIBUIDO A ISRAEL

Teherán oficializó el fallecimiento de Alireza Tangsiri días después del anuncio israelí. Era una figura clave en la estrategia marítima iraní.

El gobierno de Irán confirmó este lunes la muerte de Alireza Tangsiri, comandante de la Marina de la Guardia Revolucionaria, tras las heridas sufridas en un ataque que Israel había adjudicado días atrás. La oficialización cerró un período de incertidumbre y validó las declaraciones realizadas el 26 de marzo por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien había asegurado que sus fuerzas lo habían eliminado en una operación dirigida contra la estructura naval iraní.

Según informaron los Guardianes de la Revolución, el jefe militar “sucumbió a heridas graves”, lo que confirmó el desenlace fatal de las lesiones provocadas durante el operativo. La comunicación no solo ratificó la versión israelí, sino que también ubicó el episodio en el centro de la actual escalada en Medio Oriente.

Tangsiri ocupaba un rol central dentro del esquema militar iraní y contaba con una extensa trayectoria, que incluía su participación en la guerra contra Irak en la década de 1980. Desde 2018, cuando asumió el liderazgo de la fuerza naval, impulsó un mayor despliegue en el Golfo y reforzó la presencia operativa de Irán en rutas marítimas estratégicas.

Para Israel, el comandante era el responsable de operaciones vinculadas al control de vías comerciales clave, especialmente en el estrecho de Ormuz. También se lo señalaba como una figura clave en la doctrina de disuasión marítima iraní y en advertencias sobre la posibilidad de cerrar ese paso estratégico ante eventuales agresiones externas.

La confirmación de su muerte impacta directamente en la conducción de una de las áreas más sensibles de la Guardia Revolucionaria, encargada del control del Golfo y de la capacidad de presión sobre el tránsito marítimo internacional. El hecho abre interrogantes sobre la reorganización del mando naval iraní en un contexto de creciente tensión regional.

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