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Cibercrimen y apuestas ilegales: cómo las redes criminales captan a menores y golpean a las familias

Las estructuras delictivas transnacionales aprovechan las herramientas digitales para lavar dinero, operar casinos clandestinos y utilizar a adolescentes como intermediarios financieros.

Cibercrimen y apuestas ilegales: cómo las redes criminales captan a menores y golpean a las familias

Las estructuras delictivas transnacionales aprovechan las herramientas digitales para lavar dinero, operar casinos clandestinos y utilizar a adolescentes como intermediarios financieros.

El avance de la tecnología modificó las formas en que las organizaciones criminales movilizan y ocultan sus ganancias. El dinero proveniente de actividades ilícitas puede ingresar al circuito digital mediante plataformas entre pares, intermediarios informales y billeteras virtuales, para luego atravesar complejas cadenas de transacciones que dificultan su rastreo.

En este esquema, las redes de crimen organizado recurren a operaciones con activos digitales, transferencias entre distintas cadenas de bloques y servicios destinados a dificultar la identificación del origen de los fondos. También aparecen entidades financieras irregulares y estructuras utilizadas para introducir el dinero en la economía formal.

Uno de los mecanismos señalados es la articulación entre organizaciones dedicadas al narcotráfico y redes asiáticas de lavado de dinero. Estas estructuras utilizan, entre otros activos, Tether (USDT) y realizan transferencias hacia billeteras que no se encuentran bajo custodia de entidades financieras.

A este entramado se suma el uso de inteligencia artificial para generar identidades sintéticas y falsificaciones capaces de intentar superar controles de identificación implementados por plataformas financieras.

Una red criminal que atraviesa fronteras

Distintas investigaciones mencionadas en el análisis muestran cómo organizaciones criminales de América y otras regiones trasladaron parte de sus operaciones financieras al ámbito digital.

Entre los casos señalados aparece una estructura vinculada al Cártel de Sinaloa que habría canalizado más de 50 millones de dólares provenientes de la venta de drogas mediante depósitos estructurados, operaciones comerciales ficticias y transferencias de Tether.

En Brasil, investigaciones relacionadas con las operaciones Carbono Oculto y Fluxo Oculto permitieron desmantelar una estructura vinculada al Primer Comando de la Capital que habría utilizado bancos clandestinos y entidades de pago fintech no autorizadas para mover fondos provenientes de actividades ilícitas.

También se menciona al Tren de Aragua, cuya actividad financiera habría incluido el procesamiento de más de 13,5 millones de dólares derivados de secuestros, extorsiones y trata de personas.

En el ámbito del ciberdelito, grupos que operan bajo el modelo de ransomware-as-a-service convirtieron la extorsión digital en una actividad de alcance internacional. Entre ellos se encuentra Lockbit, al que se atribuye la extorsión de más de 2.500 entidades y la recaudación de más de 500 millones de dólares en rescates.

Las vulnerabilidades de Argentina

En Argentina, las reformas legislativas y la creación de un registro para proveedores de servicios de activos virtuales no eliminaron todas las dificultades para controlar estas operaciones.

Uno de los principales problemas se encuentra en las transacciones entre particulares y en las billeteras de autocustodia, donde el usuario mantiene el control exclusivo de sus claves. En esos casos, la capacidad de supervisión estatal resulta considerablemente más limitada.

El material también señala dificultades vinculadas con la legislación penal, que no contempla de manera autónoma algunas modalidades contemporáneas del ciberdelito, como el phishing, el ransomware o determinadas formas de suplantación mediante inteligencia artificial.

La investigación de estos delitos enfrenta además obstáculos relacionados con la preservación de evidencia digital, el secuestro de activos virtuales y la posibilidad de congelar rápidamente fondos que pueden desplazarse entre distintas billeteras.

Otro punto de vulnerabilidad está relacionado con las llamadas cuentas mula. Se trata de perfiles bancarios o virtuales utilizados para recibir y transferir dinero ilícito. La falta de una base de datos unificada que permita detectar determinados patrones facilita, según el análisis, la creación de redes de cuentas utilizadas como intermediarias.

El avance de los casinos clandestinos

En paralelo con estas estructuras financieras, el juego online ilegal comenzó a ocupar un lugar dentro del ecosistema delictivo digital.

Las plataformas clandestinas funcionan mediante dominios genéricos o enlaces distribuidos por aplicaciones de mensajería y redes sociales. A diferencia de los sitios autorizados, no cuentan con controles adecuados para impedir el acceso de menores.

El acceso puede realizarse desde un teléfono celular y mediante una billetera virtual. Las plataformas utilizan recursos propios de la gamificación y publicidad difundida en redes sociales para atraer usuarios.

El dinero se mueve principalmente mediante transferencias electrónicas a cuentas bancarias o billeteras virtuales. De esta manera, los circuitos vinculados con las apuestas ilegales pueden conectarse con mecanismos utilizados para ocultar o trasladar fondos.

Adolescentes utilizados como intermediarios

Uno de los aspectos más preocupantes del fenómeno es la incorporación de menores a la estructura financiera de estos sitios.

Los adolescentes pueden ser captados mediante convocatorias difundidas en redes sociales para desempeñarse como intermediarios o "cajeritos". Su tarea consiste en recibir dinero de otros apostadores en sus propias billeteras virtuales y cargar créditos en las plataformas clandestinas.

A cambio, pueden recibir comisiones que rondan entre el 10% y el 20% del dinero recaudado.

También existen situaciones en las que los jóvenes son inducidos a prestar o alquilar sus cuentas a cambio de dinero. Esos perfiles pueden terminar siendo utilizados para recibir fondos procedentes de estafas virtuales, engaños telefónicos o apuestas clandestinas.

Adicción, deudas y conflictos familiares

La exposición permanente al juego online puede derivar en conductas adictivas entre adolescentes. Entre las consecuencias señaladas aparecen alteraciones del sueño, ansiedad, irritabilidad, ausentismo y aislamiento del entorno familiar y social.

A medida que aumenta la necesidad de continuar apostando, algunos menores pueden recurrir a engaños dentro de sus hogares, utilizar tarjetas de sus padres, retirar dinero de cuentas familiares o buscar préstamos informales.

En pocas semanas, las consecuencias económicas pueden alcanzar a todo el grupo familiar, con pérdida de ahorros y acumulación de deudas que superan la capacidad de pago.

La situación puede agravarse cuando el adolescente se endeuda con quienes administran las plataformas o no logra responder por el dinero recibido como intermediario.

En esos casos, las organizaciones pueden recurrir a amenazas y hostigamiento. Se describen llamadas extorsivas, mensajes intimidatorios y situaciones en las que los cobradores se presentan cerca de los domicilios o establecimientos educativos para exigir el pago de las deudas.

De la deuda a la explotación

El problema puede adquirir una dimensión todavía más grave cuando los menores quedan atrapados en situaciones de endeudamiento y vulnerabilidad.

Según el material, algunos reclutadores pueden aprovechar esa situación para ofrecerles alternativas destinadas a cancelar las deudas o conseguir nuevos créditos para continuar apostando. En ese contexto, pueden exigir fotografías, videos o material de carácter sexual.

La dinámica puede derivar en sextorsión, acoso y otras formas de explotación digital, aumentando la vulnerabilidad de los menores frente a redes criminales.

Los mismos canales digitales utilizados inicialmente para apostar o conseguir dinero pueden transformarse así en mecanismos de presión y sometimiento.

La necesidad de una respuesta integral

El fenómeno combina diferentes expresiones del delito digital: lavado de dinero, banca clandestina, apuestas ilegales, utilización de cuentas de menores y distintas formas de explotación.

Frente a este escenario, el planteo propone fortalecer la legislación penal para contemplar nuevas modalidades delictivas y sancionar la utilización de menores como herramientas financieras.

También plantea dotar a fiscales e investigadores de herramientas para monitorear operaciones en cadenas de bloques y actuar rápidamente frente a movimientos de activos virtuales.

El abordaje debería incluir además controles sobre las empresas de tecnología financiera y mecanismos más rigurosos para validar identidades y supervisar transferencias.

Por último, la respuesta no debería limitarse al ámbito penal. El fortalecimiento de la educación digital y financiera en las escuelas y el acompañamiento de las familias aparecen como herramientas necesarias para reducir la exposición de niños y adolescentes a las redes de apuestas clandestinas y al crimen organizado.

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