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El histórico SR-71 Blackbird vuelve a ser inspeccionado por Estados Unidos tras décadas fuera de servicio

La NASA retiró de exhibición una de las últimas unidades del avión espía y habría contactado a antiguos especialistas para recuperar conocimientos sobre una tecnología que marcó la aviación supersónica.

El histórico SR-71 Blackbird vuelve a ser inspeccionado por Estados Unidos tras décadas fuera de servicio

La NASA retiró de exhibición una de las últimas unidades del avión espía y habría contactado a antiguos especialistas para recuperar conocimientos sobre una tecnología que marcó la aviación supersónica.

El SR-71 Blackbird, uno de los aviones más reconocidos de la Guerra Fría, volvió a despertar interés en Estados Unidos luego de que una de sus últimas unidades fuera retirada del lugar donde permanecía expuesta en California.

Se trata de la NASA 844, el último Blackbird que realizó un vuelo. La aeronave fue trasladada desde su pedestal en la Base Edwards hasta un hangar, donde comenzó un proceso de inspección.

El movimiento coincidió con contactos de la NASA con antiguos ingenieros y técnicos que participaron en el programa. Sin embargo, hasta el momento no existe una confirmación oficial de que la intención sea volver a poner el avión en servicio.

Un avión diseñado para escapar de los misiles

El SR-71 fue desarrollado para reemplazar al U-2 frente al avance de los sistemas soviéticos de defensa antiaérea. La estrategia consistió en combinar una gran altitud con una velocidad capaz de dificultar su interceptación.

El Blackbird podía superar Mach 3 y operar a unos 85.000 pies. El 28 de julio de 1976, uno de estos aviones alcanzó los 3.529 kilómetros por hora y una altura de 25.929 metros, registros que todavía conserva como récords mundiales para aeronaves tripuladas con motores a reacción.

Su velocidad también permitía reducir considerablemente los tiempos de vuelo. El trayecto entre Nueva York y Londres podía completarse en aproximadamente una hora y 54 minutos.

Durante su historia operativa, ningún SR-71 fue derribado por fuego enemigo, aunque 12 aeronaves se perdieron en accidentes.

Titanio, temperaturas extremas y una tecnología compleja

El diseño del Blackbird debía soportar las enormes temperaturas generadas al superar tres veces la velocidad del sonido. La superficie de la aeronave podía alcanzar unos 300 grados durante el vuelo.

El calor provocaba la expansión del metal y también modificaba el comportamiento del combustible. Por eso, el avión fue diseñado para tolerar esas variaciones mientras alcanzaba progresivamente sus condiciones de operación.

Otro desafío fue el uso intensivo de titanio, un material necesario para soportar las temperaturas extremas. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética era uno de sus principales productores.

Para conseguir el material sin revelar su verdadero destino, la CIA utilizó empresas de cobertura. Algunas se presentaban como fabricantes de hornos para pizzas y, de esa manera, podían justificar la adquisición de grandes cantidades de titanio.

Con este método, Estados Unidos logró reunir el material necesario para construir las 32 aeronaves que formaron parte del programa.

La NASA volvió a recurrir a antiguos especialistas

El programa comenzó a ser retirado durante la década de 1990 y la última misión de un Blackbird tuvo lugar en 1999, precisamente con la NASA 844.

Desde entonces, la aeronave permaneció expuesta en las instalaciones de la NASA en California. Su reciente traslado a un hangar volvió a generar interrogantes, especialmente porque antiguos integrantes del programa habrían sido contactados.

Uno de ellos, Mike Relja, confirmó que recibió una propuesta para aportar su experiencia, aunque decidió no aceptarla. También habría sido contactado el exingeniero de la NASA Tim Conners.

La búsqueda de especialistas retirados podría estar relacionada con la pérdida de conocimientos técnicos acumulados durante décadas de trabajo con el avión.

La NASA, sin embargo, no confirmó que las inspecciones tengan como objetivo recuperar la capacidad de vuelo del SR-71 ni explicó públicamente cuál será el destino de la aeronave.

Volver a ponerlo en vuelo no sería sencillo

La antigüedad del avión representa solo uno de los obstáculos. También desapareció buena parte de la infraestructura industrial necesaria para fabricar sus componentes, mantener sus motores y operar el Blackbird.

Los motores Pratt & Whitney J58 dejaron de producirse hace décadas y ya no existe una cadena industrial preparada para suministrar sus repuestos originales. El avión utilizaba además un combustible específico y equipamiento terrestre desarrollado especialmente para su funcionamiento.

La falta de piezas se agravó después del retiro del programa. En 2007, la Fuerza Aérea y la NASA destruyeron una parte importante de los repuestos disponibles, que estaban valuados en unos 600 millones de dólares, porque en aquel momento se consideraba que el Blackbird no volvería a volar.

A esto se suma la pérdida de conocimiento especializado. Algunos procedimientos de fabricación y mantenimiento dependían de técnicos que trabajaron durante años con el avión y que actualmente están retirados.

El interés podría estar relacionado con la tecnología hipersónica

El actual interés por el SR-71 no necesariamente significa que Estados Unidos pretenda recuperar el avión como plataforma de espionaje.

Una posibilidad planteada es aprovechar los conocimientos acumulados durante el desarrollo y operación del Blackbird para investigaciones relacionadas con vuelos a velocidades extremas.

Estados Unidos trabaja actualmente en plataformas capaces de superar Mach 5, un campo que plantea desafíos vinculados con la aerodinámica, las temperaturas, los materiales y la propulsión.

La experiencia del SR-71 no resolvería por sí sola esos problemas, pero podría aportar conocimientos y permitir estudiar determinadas tecnologías en condiciones difíciles de reproducir mediante aeronaves convencionales.

Por ahora, no existe confirmación oficial de que la NASA vaya a volver a poner en vuelo la NASA 844 ni de que exista un programa para reconstruir el SR-71.

Lo que sí ocurrió es que la aeronave dejó su pedestal después de años de exhibición, fue trasladada a un hangar y antiguos especialistas del programa volvieron a ser contactados. El movimiento reabrió el interrogante sobre cuánto del conocimiento que hizo posible al Blackbird Estados Unidos busca recuperar para sus desarrollos aeronáuticos actuales.

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